Quiero recordar el mejor partido que he visto en mi vida, por intensidad, por significado, por sentimiento y porqué ese día se ganó, hasta el día de hoy, nuestro último título.
Natural de Barcelona no pude tener mejor noticia que la Federación de fútbol, todo y su tardanza, anunciara que la final de la Copa del Rey de la temporada 2009/2010 entre Atlético de Madrid y Sevilla fuera en Barcelona, más concretamente, en el Camp Nou. Empecé a mover hilos para conseguir una entrada, aunque en mi familia no brillaba la idea de asistir a la final, en especial en mi abuelo, un sevillista especial. Mediante una peña sevillista de Cataluña conseguimos ocho entradas, estaba hecho, íbamos a la final.
Tuvo día un miércoles, laboral, para mí, día de colegio, ese día fue diferente ya que sabía que en unas horas iba a estar rumbo Camp Nou junto a miles de sevillistas. Al llegar al estadio eso era indescribible, nunca me había dado ese baño de masas, toda una calle cortada por la gente y también cortada por los cánticos, era una fiesta de sevillismo. Lo que sucedió en el campo por todos es conocido, 0-2 y campeones, pero lo que pasó en la grada fue màgico, nunca había cantado tanto, cantaba hasta sin saberme algunas canciones.
El futbol, mi poca vida viendo, sintiendo fútbol me ha dado malos momentos, pero éste, sin duda, fue de los mejores. Al igual que a mi abuelo, una hombre que ha visto jugar a casi todos los sevillistas de nuestra història centenaria. Viva el Sevilla

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